Ya os hable de mi infancia con parálisis cerebral, feliz, integrada, inclusiva…. de gateo en gateo, con mis amigos invisibles, era invencible, tan pronto era guerrera como bola de dragón, como era futbolera “Sí, si, a gatas detrás de un balón, de pared a pared de mi casa” “en los campamentos del colegio, que era todo césped, ahí me dejaban, con la libertad de correr y llegar hasta donde deseara, sin limitación” Sí, no estaba sola, mis compañeros felices me acompañaban, todo era perfecto, el típico fueron felices y comieron felices…
Todo era perfecto, hasta que llegó mi adolescencia, o quizás un poco antes, a la entrada del instituto, donde se cambio de edificio, de compañeros, como si en un otro mundo estuviera, toda la integración que sentía en la primaria cambio, iniciando, en ese hombre, ese Maestro que en realidad, fue un enviado de Dios, ese primer padre, ahí presente, ahí preocupándose, más allá de la educación… En ese momento no lo vi, hoy sí, pero por desgracia ese hombre desapareció por fuerza mayor, dejándome sola, en la entrada, de la primera etapa mas difícil de mi vida, la adolescencia, viéndome sola, en muchos momentos, siendo consciente, como todos habían quedado aquella tarde para ir al cine, a mi nadie me decía nada… la adolescencia no es fácil, menos, con una discapacidad. Los maestros eran conscientes, pasaban ratos de recreo conmigo, salimos a un bar a esmorzar… entre otras cosas… entendían mi limitación, pusieron un ordenador a mi disposición, para poder seguir la clase con normalidad. Los exámenes, me daban ese tiempo de más necesario, que la parálisis me arrebató, haciendo una inclusión real.
En mi adolescencia, con ese cambio de compañeros no era facil, estaba mas sola, que acompañada, en casa no era muy distinto, me sentía sola, incomprendida, y violentada emocionalmente “Si, a mi no me gusta salir… ¿por que tengo que hacerlo?” por otro lado “Yo no puedo sola contigo, no te puedo sacar” volviendo la primera voz diciendole a mi tía "llevate a los niños... deja a la Vanesa aquí" sin tener en cuenta o quizas sin conciencia, de la discriminación y violencia psicológica que me causaba, ya que sin él, yo no podía salir... y tenía razón la segunda voz, pero también me sentía atacada, que no hacía lo suficiente para defenderme.
Carnavales de hace 23 años atrás… me invitaron a estar en una carroza, era gente conocida, y mi tía estaba entre ellos, personas de confianza, pero mi padre, dijo que no, que no permitía que yo saliera bailando. Era su forma de protegerme… ¿Como explicarle a una joven que ya sufría en la escuela, veia lo mismo en casa? Recuerdo, que le escribi una carta a mi padre, si con 15 años, le escribi claramente, exponiendole que le entendia, pero que estaría bien, no me pasaría nada, que estaba con gente de confianza, que me cuidarían suplicaba poder ir… para recibir, un NO rotundo, yo una explotada en llanto… En realidad, pude ir, en el último minuto, mi tía que también salía, le propuso, que en vez de bailando, iría subida en la carroza, ahí sí acepto… por una vez, pude disfrutar como una adolescente más.
Los veranos en mi adolescencia, eran buenos en el centro para personas con discapacidad, dejando aparte, el acoso sexual que recibía, a veces por chavales, que su discapacidad psicológica era severa, los monitores ya estaban pendientes, me guardaban. Pero también, de Monitor más bien, de uno, que tactaba todo lo que podía, aun recuerdo, de esos recuerdos, clavados en el subconsciente, ya en la furgoneta, para volver a casa, las ruedas clavadas en los angrenajes de esta, él y yo, nadie mas, ese ser: delante de mi, intentando tactarme el pectoral, yo protegiéndome, con los brazos, él veía mi negativa, y reía a la vez…. Jamás dije nada, por el temor, de que no me dejaran volver, al único lugar donde me sentía joven.
17 años, una nueva discriminación, una nueva violencia, hacer las practicas del grado medio, en el hospital del palamos, en el que me negaron por completo, si no fueran por las fisioterapeutas que pelearon por mi, y consiguieron, que hiciera en la zona de rehabilitación, las practicas, ya no dependía de ellas, darme un lugar de trabajo, sino lo hubiese logrado… seguro.
Cuando al fin tenía mi silla de motor, la libertad de poder salir sin depender de nadie, sin tener que depender de aquellos que me negaban ayuda… ahí yo sola con mis ruedas, iba de un lado a otro, encontrándome puro masculino intentando dañarme, no eran desconocidos no, vecinos, si incluso este en particular, me acosó varias veces, e incluso una noche, vino a mi casa, a que le acompañara algún lado, por suerte, mis padres negaron que estaba en la casa, pero al dia síguiente, me encontró en la calle, e inició acosarme, suerte, de su mujer que le dijo que parara que me estaba asustando, era real..., también clientes, cuidadores… con 18 años ya tenía la libertad para salir, aun sin amistad, sin familia, pero ya podía salir por mi misma, pero la maldad acechaba en cada esquina… en cada esquina me encontraba con pervertidos, que solo querían aprovecharse de mi cuerpo… gracias a Dios jamás se produjo el fatal desenlace… siempre tuve un ángel conmigo cuidandome ¿Como estoy tan segura? el cuidador del centro, que me tacto entre risas, burlándose de mi negativa, de mi malestar, de mi miedo, que se bien que abusó de otras chicas, que no podían hablar, ni defenderse, tuvo una embolia, tuvo que aprender de cero, a caminar, hablar, dependía de otra persona, para valerse… Ahí vi claramente que Dios estaba conmigo, mi juez mas leal
Con 21 años, tuve la oportunidad Viajar al Pais Vasco con unos amigos, que conocí, años antes a través de la red, antes de dar la noticia en casa, hable con la cruz roja que me acompañaran, ellos dijeron que vale pero debía pagar el pasaje (de tren) y hotel de esa persona. Yo acepté, estaba desesperada por ir. Al final mi fisioterapeuta se puso por el medio: “Dejarla ir, lo necesita, le irá muy bien” Obviamente tenía la negativa de mi padre, cosa que no me importaba porque ya tenía todo atado, pero gracias a la fisio tenía el sí de mi madre, en vez de horas de tren, solo dos horas de avión, sin tener que pagar acompañante ni alojamiento. Fue una experiencia increíble y positiva… Al poco tiempo, ya conocí al padre de mi hija… ya veis como sigue mi vida… lo que si me fijo, que ya sin importar, teniendo los recursos y libertad de ir, había en mi determinación. La relación con mi padre sigue igual o peor, es que me convertí en lo que más detesto, ya que somos bastante iguales. La diferencia es que yo admito la enfermedad de la adicción iniciando en una dependencia emocional, ya despues en dependencia a sustancias a causa, de una necesidad enfermiza, de aprovación, una enfermedad que se desarrolló a causa que hay en mí, me esfuerzo, y trabajo mi sobriedad, a diferencia de él, que estando en ese estado de embriaguez, era uno más que me violentaba violentamente, palabras como cuchillos que atravesaban el alma… Demás familiares, no mejora mucho la cosa, pero mi Dios me da la fuerza, pone personas maravillosas en mi camino como en ese comienzo Joan Figa, en el que me ayudan a sanar cada día un poquito…
Escrito:10 de febrero del 2026
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