Yo también fui una niña perfecta, siempre fui a una escuela denominada “normal” mis compañeros, me veían una compañera más, una amiga más, los profesores, me adaptaban, me incluian como una más. En las vacaciones de verano me hinchaba a llorar, porque no vería a mis compañeros, durante meses, incluso por una semana, de la semana santa, me sentía mal. En casa mi ídolo infantil, era bola de dragón, yo quería pelear como él, yo me veía como Son Goku, volando sin limitación, con mi nube Kitón, y su bastón. De niña no veía fronteras, jugaba yo sola a futbol a gatas, ya tenía una gran imaginación, tenía mis amigos imaginarios, hacia pequeños cuentos, algunos escritos, incluso gané algunos concursos literarios, también grababa en cintas de casetes, cuentos que me inventaba, normalmente de los personajes de Doraemón, de mis dibujos favoritos, ya me preguntaba, si con 20 años, lo seguirían haciendo, y resulta, que hasta con 40 años, lo sigo viendo… De niña, quería ser bombera, enfermera, profesora… de niña era capaz de comerme el mundo sin permiso ninguno, era capaz de llegar a la luna y abrazarla… de niña
Yo era feliz, no veía limitación, no notaba diferencia, ¿cuando cambio? En la entrada del instituto, en otras palabras el inicio de la Adolescencia. Todo empezó bien, pero ante este gran cambio de centro, yo misma, dejaba la infancia, para ser una adolescente con discapacidad, ser consciente de la discapacidad por primera vez, ser consciente de la diferencia, viéndome sola por todos lados, siendo consciente, que todos quedaban para salir, nadie me decía nada a mi, siendo consciente, que en los recreos era la única que quedaba apartada. Llegar a casa llorando, una y otra vez, los profesores eran conscientes, e intentaban ponermelo sencillo, me aconsejaban y me ayudaban en todo lo que podían… Y en Joan Figa en particular, se quedó grabado en mi corazón.
En casa la cosa no mejoraba… es complicado ponerse en la piel de una adolescente con discapacidad, cuando eres tan inexperto en la materia, solo aplicas, Lo que aprendes en casa aunque sea todo lo contrario, de los manuales para subir la autoestima. Ahí haces consciencia, de que en verdad no eres “normal” Cuando te sientes ignorada, no comprendida, no vista, ya no te ves como esa líder que se te apoderaba de niña, ahora solo Necesitas ser vista, aceptada, válida, porque en esta segunda etapa de tu vida, solo has aprendido, que no eres nadie, ni tienes derecho a nada… El problema, es que tu cerebro se está creando, se está cerrando con la idea, como bien dices en Outside: No soy suficiente, en casa tu ves, que siguen la misma linea, nadie actua ante la violencia recibida, ya sea por todo tipo de entorno.
No es de extrañar, que huyera de casa, deseosa de alejarme de quien más debería abrazarme, no es de extrañar que acabará abrazando lo tóxico, lo que me daba paz, seguridad, capacidad, ya no era la niña fuerte capaz de todo, ya era la mujer que sin esa dependencia, no podía seguir, yo sola no podía, la discapacitada, la no capaz, la no vista. Me fui levantando, pero sin aguantarme a mi, seguía arraigada a esa dependencia, que sola con ella yo me veía capaz, sin ser consciente, que en realidad me mataba.
Cuando me separaron de esa dependencia, lloré, pataleé, maldije, una y otra vez, yo sola no era capaz de nada, asta que fui consciente, que lo lograba sola, que yo podía, que yo puedo…
Con cerca de los 40 años, ser consciente de esa realidad, era demasiado el daño que había dentro de mi, yo no me sentía capaz… ¿Qué queda de esa niña que fui? ¿Sigue dentro de mí? Sí, solo que casi enterrada, pero aún respira, gracias a Dios he encontrado, a personas maravillosas, que me dan su apoyo incondicional, me ven, me dan esa estabilidad, ese amor, que a mi me falta, que me faltó en su momento, que creó esta profunda herida…. Al día de hoy no soy quien fui ayer, pero aun tengo que llegar a quien seré… Al día de hoy el dolor no me define, pero mi determinación, mi acción si. Me encantaría poder abrazar a esa niña que vive en mi interior, esperando ser entendida, abrazarla fuerte, entre susurros: “No sufras más, no llores más… ya pasó, ya pasó…” Me preguntó con todas mis entrañas: ¿Algún día pasará este dolor? ¿Algún día se cerrará esta herida abierta? La niña que un día fui… ¿sigue adentro de mi? ¿La niña que un día fuí, puede volver a mi?
Escrito: 28 de octubre del 2026
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