No, no es un castigo, no es una maldición, no es consecuencia… Muchas son las discapacidades, sobre todo físicas, que los cristianos, repiten una y otra vez “Dígale a Dios que la sane” Como si hubiera algo mal en mi, no fuera perfecta tal como soy. Yo que tengo parálisis cerebral, me quedo reflexionando: “¿Sanarme de qué? aunque no pueda caminar como los humanos se familiarizan, puedo volar” tal como Dios me dirige, “A pesar de mi condición” Dios me está llevando por un terreno, que la discapacidad forma parte de su propósito, lo que menos le preocupa es mi discapacidad, sino sanarme algo mucho más importante, mi espíritu, mi alma, es lo esencial para seguir…
En estas líneas quiero, hablar de una condición clasificada en el grupo “discapacidad” que se nace o no se nace con ella, con el permiso de Dios incluido, es una discapacidad que muestran unas facciones en la persona que no se pueden eliminar, exactamente el síndrome de Down es uno de ellos a veces, aunque en el embarazo se haga todo perfecto, el o la bebé llega con Síndrome de Down, o otro síndrome o espectro… Condiciones, secuelas que no se pueden disimular… pero Dios no ve tales secuelas, sino, el alma, la capacidad de la persona.
Dios no se equivoca, no se dormirá el que guarda a esa persona, y no hay que olvidar que todos fuimos creados a semejanza de Dios a diferencia de la Discapacidad física, no se le puede eliminar, Dios no puede eliminar esos rasgos, que son parte de esa persona única, siempre y cuando quieras ser sanado, porque Dios actúa, a quien se deja, a quien tiene la necesidad de ser sanado. Como decía, no es maldición, no es consecuencia, no es castigo, las personas con síndrome de Down, las personas con discapacidades severas, las personas con espectro autista, son obra de Dios, Dios también es su alfarero, en mi mirar hago conciencia, que no se trata de cambiar a la persona con discapacidad, más bien, la mirada de la sociedad.
Porque hago recordatorio una vez mas, que no vivimos en un mundo blanco o negro, ni siquiera personas buenas o malas, vivimos en un mundo lleno de color, de diversidades. Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, todos hacemos cosas malas y buenas en algún punto de nuestra vida, lo importante, de que parte se está alimentando tu corazón.
Las personas con discapacidades, trastornos, síndrome, son persona ante todo, no son angelitos hay personas con trasfondo, algunos buenos, otros malos, como las personas sin discapacidad, al igual que no son niños eternos, crecen, se convierten en hombres, mujeres, con necesidades de adultos, como a todo hijo hay que guiarlos en la sexualidad. Navegando por la aplicación de Disney plus, encontre la serie “Ralph y Katie” Una pareja con síndrome de Down, que viven independiente, sí que los padres, los visitan, están pendientes, les puedes aconsejar, pero son Ralph y Katie quien tienen la última palabra de cómo vivir sus vidas como adultos que son. Así exactamente, es como los ve Dios, aquí quien tienen que cambiar la mirada es la sociedad, para empezar la familia.
En mi testimonio: en la iglesia, no me dejan de repetir “Dígale a Dios que le quite esa silla” pero Dios me dió propósito con mi discapacidad, que llegó a mi justo al nacer, Dios no se equivoca… Tengo prioridad de sanar mi alma, mi autoestima, mi corazón, veo que Dios, va a una misma línea, porque soy testigo, que cada destino que llegó, que cada persona que encuentro, es como darme una rafaga de aire fresco, a mi alma, a mi espíritu. A él le debo eternamente, su misericordia, y fidelidad, aunque mi impaciencia me corroe, su tiempo es perfecto. Llegado el momento lo entiendo todo.
Todas las personas con discapacidad son hij@s de Dios, incluso aquellas que sus rasgos son inconfundibles, pero Dios no quiere cambiar a esa persona, sino al entorno que le rodea.
Escrito: 16 de febrero del 2026
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