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martes, 10 de febrero de 2026

Diario personal: Adolescencia en la discapacidad

 


Ya os hable de mi infancia con parálisis cerebral, feliz, integrada, inclusiva…. de gateo en gateo, con mis amigos invisibles, era invencible, tan pronto era guerrera como bola de dragón, como era futbolera “Sí, si, a gatas detrás de un balón, de pared a pared de mi casa” “en los campamentos del colegio, que era todo césped, ahí me dejaban, con la libertad de correr y llegar hasta donde deseara, sin limitación” Sí, no estaba sola, mis compañeros felices me acompañaban,  todo era perfecto, el típico fueron felices y comieron felices…


Todo era perfecto, hasta que llegó mi adolescencia, o quizás un poco antes, a la entrada del instituto, donde se cambio de edificio, de compañeros, como si en un otro mundo estuviera, toda la integración que sentía en la primaria cambio, iniciando, en ese hombre, ese Maestro que en realidad, fue un enviado de Dios, ese primer padre, ahí presente, ahí preocupándose, más allá de la educación… En ese momento no lo vi, hoy sí, pero por desgracia ese hombre desapareció por fuerza mayor, dejándome sola, en la entrada, de la primera etapa mas difícil de mi vida, la adolescencia, viéndome sola, en muchos momentos, siendo consciente, como todos habían quedado aquella tarde para ir al cine, a mi nadie me decía nada… la adolescencia no es fácil, menos, con una discapacidad. Los maestros eran conscientes, pasaban ratos de recreo conmigo, salimos a un bar a esmorzar… entre otras cosas… entendían mi limitación, pusieron un ordenador a mi disposición, para poder seguir la clase con normalidad. Los exámenes, me daban ese tiempo de más necesario, que la parálisis me arrebató, haciendo una inclusión real.


En mi adolescencia, con ese cambio de compañeros no era facil, estaba mas sola, que acompañada, en casa no era muy distinto, me sentía sola, incomprendida, y violentada emocionalmente “Si, a mi no me gusta salir… ¿por que tengo que hacerlo?” por otro lado “Yo no puedo sola contigo, no te puedo sacar” volviendo la primera voz diciendole a mi tía "llevate a los niños... deja a la Vanesa aquí" sin tener en cuenta o quizas sin conciencia, de la discriminación y violencia psicológica que me causaba, ya que sin él, yo no podía salir... y tenía razón la segunda voz, pero también me sentía atacada, que no hacía lo suficiente para defenderme.



Carnavales de hace 23 años atrás… me invitaron a estar en una carroza, era gente conocida, y mi tía estaba entre ellos, personas de confianza, pero mi padre, dijo que no, que no permitía que yo saliera bailando. Era su forma de protegerme… ¿Como explicarle a una joven que ya sufría en la escuela, veia lo mismo en casa? Recuerdo, que le escribi una carta a mi padre, si con 15 años, le escribi claramente, exponiendole que le entendia, pero que estaría bien, no me pasaría nada, que estaba con gente de confianza, que me cuidarían suplicaba poder ir… para recibir, un NO rotundo, yo una explotada en llanto… En realidad, pude ir, en el último minuto, mi tía que también salía, le propuso, que en vez de bailando, iría subida en la carroza, ahí sí acepto… por una vez, pude disfrutar como una adolescente más.




Los veranos en mi adolescencia, eran buenos en el centro para personas con discapacidad, dejando aparte, el acoso sexual que recibía, a veces por chavales, que su discapacidad psicológica era severa, los monitores ya estaban pendientes, me guardaban. Pero también, de Monitor más bien, de uno, que tactaba todo lo que podía, aun recuerdo, de esos recuerdos, clavados en el subconsciente, ya en la furgoneta, para volver a casa, las ruedas clavadas en los angrenajes de esta, él y yo, nadie mas, ese ser: delante de mi, intentando tactarme el pectoral, yo protegiéndome, con los brazos, él veía mi negativa, y reía a la vez…. Jamás dije nada, por el temor, de que no me dejaran volver, al único lugar donde me sentía joven.


17 años, una nueva discriminación, una nueva violencia, hacer las practicas del grado medio, en el hospital del palamos, en el que me negaron por completo, si no fueran por las fisioterapeutas que pelearon por mi, y consiguieron, que hiciera en la zona de rehabilitación, las practicas, ya no dependía de ellas, darme un lugar de trabajo, sino lo hubiese logrado… seguro.






Cuando al fin tenía mi silla de motor, la libertad de poder salir sin depender de nadie, sin tener que depender de aquellos que me negaban ayuda… ahí yo sola con mis ruedas, iba de un lado a otro, encontrándome puro masculino intentando dañarme, no eran desconocidos no, vecinos, si incluso este en particular, me acosó varias veces, e incluso una noche, vino a mi casa, a que le acompañara algún lado, por suerte, mis padres negaron que estaba en la casa, pero al dia síguiente, me encontró en la calle, e inició acosarme, suerte, de su mujer que le dijo que parara que me estaba asustando, era real..., también clientes, cuidadores… con 18 años ya tenía la libertad para salir, aun sin amistad, sin familia, pero ya podía salir por mi misma, pero la maldad acechaba en cada esquina… en cada esquina me encontraba con pervertidos, que solo querían aprovecharse de mi cuerpo… gracias a Dios jamás se produjo el fatal desenlace… siempre tuve un ángel conmigo cuidandome ¿Como estoy tan segura? el cuidador del centro, que me tacto entre risas, burlándose de mi negativa, de mi malestar, de mi miedo, que se bien que abusó de otras chicas, que no podían hablar, ni defenderse, tuvo una embolia, tuvo que aprender de cero, a caminar, hablar, dependía de otra persona, para valerse… Ahí vi claramente que Dios estaba conmigo, mi juez mas leal 




Con 21 años, tuve la oportunidad Viajar al Pais Vasco con unos amigos, que conocí, años antes a través de la red, antes de dar la noticia en casa, hable con la cruz roja que me acompañaran, ellos dijeron que vale pero debía pagar el pasaje (de tren) y hotel de esa persona. Yo acepté, estaba desesperada por ir. Al final mi fisioterapeuta se puso por el medio: “Dejarla ir, lo necesita, le irá muy bien” Obviamente tenía la negativa de mi padre, cosa que no me importaba porque ya tenía todo atado, pero gracias a la fisio tenía el sí de mi madre, en vez de horas de tren, solo dos horas de avión, sin tener que pagar acompañante ni alojamiento. Fue una experiencia increíble y positiva… Al poco tiempo, ya conocí al padre de mi hija… ya veis como sigue mi vida… lo que si me fijo, que ya sin importar, teniendo los recursos y libertad de ir, había en mi determinación. La relación con mi padre sigue igual o peor, es que me convertí en lo que más detesto, ya que somos bastante iguales. La diferencia es que yo admito la enfermedad de la adicción iniciando en una dependencia emocional, ya despues en dependencia a sustancias a causa, de una necesidad enfermiza, de aprovación, una enfermedad que se desarrolló a causa que hay en mí, me esfuerzo, y trabajo mi sobriedad, a diferencia de él, que estando en ese estado de embriaguez, era uno más que me violentaba violentamente, palabras como cuchillos que atravesaban el alma… Demás familiares, no mejora mucho la cosa, pero mi Dios me da la fuerza, pone personas maravillosas en mi camino como en ese comienzo Joan Figa, en el que me ayudan a sanar cada día un poquito… 


Escrito:10 de febrero del 2026

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lunes, 7 de septiembre de 2020

Diario personal: El lago de Bañolas

 


8 de Agosto del 2003, un día crucial para los del centro A.D.I.S. (asociación de Discapacitados por las Integración Social) Pero empecemos por el principio. Esa mañana como cada mañana de ese mes de Agosto, fuimos a recoger a Lluis Riba Un chico con discapacidad tanto física como intelectual "adiós mi amor asta la tarde" se despidió su madre, con un beso lejano. Por las 12 del mediodía, nos volvieron a subir a la furgoneta, para poder ir al lago de Bañolas, como cada viernes a comer, y darnos un chapuzón allá. A mi me sentaron al lado de Lluis, no pude evitar mirarle, sentir, cariño por él "es buen chico pensé" Al llegar al lago de Bañolas, todos al agua, con sus bañadores puestos. Yo nado con flotador, por aquel entonces, tenía uno, anaranjado, verdoso y amarillo, que encima estaba pinchado, ¡yo en el agua! Me acerqué a una de las monitoras y le informe "ah! No te preocupes, cuando veamos algo naranja, verde y amarillo allí abajo, es que te has hundido" yo me desilusioné un poco. Ella me abrazó con fuerza "¡¡¡¡que es broma!!!! ¿Con lo que te queremos a ti, como te vamos a permitir que te pase algo?" eso me animó, seguí nadando tranquila. En eso que vi de lejos a Lluis, estaba solo nadando, me extrañó,por su grado de discapacidad,, que nadie lo controlara. Me quedé preocupada y me acerqué a él. ¡Hora de comer! Como cada viernes, pizza y helado… Hay es cuando empezó todo…



Era las 4 de la tarde pasadas, cuando yo me comía mi helado. Todo ocurrió muy deprisa, pude ver, como un montón de gente se apilonaba para ver algo, yo ignoraba lo que era "¡es uno de los nuestros!" grito alguien, después sí, lo vi ¡dos monitores intentaban reanimar a Lluis, estaba inconsciente! El caos empezó, entre llamar a la ambulancia, vestirnos a todos, para sacarnos de allí (para que no viéramos nada de aquello) intentar que los hijos pequeños de monitores, no vieran la escena… Recuerdo que mi ropa no la encontraban, yo allí seguía, mirando fijamente, como le hacían los primeros auxilios a Lluis. Toda su cara estaba ensangrentada, pero eso no era impedimento para los monitores, que no dejaban de hacerle los primeros auxilios ¡la ambulancia sin llegar! "Tarda demasiado en despertar, no es normal" recuerdo que pensé, sin poder quitar los ojos de la escena ¡al fin encontraron mi ropa! Me vistieron deprisa me sacaron de allí, como al resto de mis compañeros.



Todo el mundo lloraba, estaba demasiado nerviosos ¡la ambulancia llego! Corriendo a atender al necesitado. No tardó en salir uno "un monitor, lo siento no hemos podido hacer nada por él está muerto" ahí sí que fue el caos, unos intentaban consolar a otros. A mi todo aquello no me parecía real, me parecía una pesadilla, que tarde o temprano debía despertar. Nos repartieron botellas de agua ¡me bebí 4 de las pequeñas! Con mis manos bien temblorosas. La verdad, es que durante tiempo no era yo, tenía cambios de humor continuos, lloraba mucho, no había duda, que esa muerte me había afectado bien, a pesar de no conocer al chico, solo de 8 días. Poco a poco lo fui superando, sola, sin ayuda. Hoy casi 8 años después lo tengo superado, pero de olvidar no olvido, recuerdo cada detalle, como si hubiese sido ayer mismo, es algo que siempre estará dentro de mí, jamás podré olvidar a Lluis Riba.

Escrito: 16 de mayo del 2012

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Diario personal: Joan Figa

 


Dejaba atrás la primaria, faltaba días para iniciar la secundaria, yo tuve que ir al instituto, habíamos quedado con el psicólogo de allí, para que nos enseñaran (a mi madre y a mi) el edificio y también conoceríamos a quien sería mi tut@r. Yo estaba convencida que sería mujer, como estaba acostumbrada, cuál fue mi sorpresa, al verificar, que un hombre era el responsable de ese curso. Pensé "vaya rollo, un hombre" y me decepcioné bastante. El primer día de la secundaria, es un día emocionante, al mismo tiempo que intrigante, nuevo centro, nuevos compañeros, nuevo de todo. Dejamos atrás la primaría pasando a otra etapa superior. Recuerdo que me encontraba en el gimnasio, como todos aquellos chicos y chicas de no más de 12 años, que esperaban impacientes. Yo era la única afortunada, que sabía que tutor me pre tocaba, por lo que pude observar, era el único hombre, todos los demás eran mujeres. Por mi parte, allí me encontraba en soledad, esperando lo escuchado, pude ver a mis compañeros de la primaria, pero ninguno se acercó a saludarme, a todos les bastaron desde la distancia. Solo una, se sentó a mi lado, ella fue Patricia, Patri, la llamábamos.



Mi tutor, Joan Figa, se acercó y le pidió el nombre, yo no sé si ya estaba pensado o no, pero Patri, fue mi compañera de clase. Ese primer día fue novedoso. Al salir al recreo me ajunté con Neus y sus amigas, llegó la hora de volver, realmente no recordaba donde estaba mi clase ¡me había perdido! Cuando apareció Patri "Vane que el profe, me ha dicho que venga a buscarte" "ai es que no sé donde está la clase" ya me quede con ella, y juntas volvimos a clase "¿y qué le digo al profe?" pregunte asustada "pues la verdad, que te has perdido" entré avergonzada sin saber que decir y él mismo me ayudó "¿qué te has perdido?" Era un profesor, con rostro de duro, mi compañera de mesa, Patri, le tenía miedo "oye Vanesa, díselo tu porfa" pero era un cordero, en piel de lobo, lo único que le interesa, es que le respetáramos, por eso esa dureza en su rostro.



Empecé a conocerle mejor, cuando mi madre, se embarazo de mi hermana, tuvo un embarazo difícil, en el que le obligaban a mucho reposo, yo tuve que irme un tiempo a casa de mis tías. Neus cada mañana me debía llevar a clase. El problema eran los viernes, ella empezaba una hora antes que yo, ¿Qué hacer conmigo? No le quedaba otra que llevarme con ella una hora antes. Se dirigió directamente a sala de profesores, a ver si me podía quedar allí. Mi tutor, se sorprendió y sobresaltó al verme allí, tan temprano. Se ofreció para quedarse conmigo en esa hora suelta. Íbamos a su despacho, y allí hacía tarea que me faltaba por acabar. Mi madre aun no quería que dijéramos que estaba embarazada, así que me invente, que no se encontraba bien "cosas de mujeres tendrá" me decía él entre una sonrisa picara. Cuando al fin le confesé el estado de mi madre, se alegro muchísimo "ya me lo imaginaba yo" a media mañana todo el profesorado ya se había enterado, por él claro.



Ese curso termino, otro nuevo empezó, yo deseaba que él fuera mi tutor, pero no, me toco otro, hombre también, aunque Juan Figa lo teníamos en sociales, yo que me alegraba de tenerle como profesor. Aunque también me acompañaba de tanto los demás hacían ejerció. Tres horas más a la semana. 1. Hacíamos tarea de sociales 2. Informatica 3. Saliamos a caminar, por todo el instituto. El convenció al instituto para que me compraran unos bastones y un caminador que me hacían falta, para andar por allá. Nosotros no tuvimos que pagar ni un céntimo. Cuando nació mi hermana, fue uno de los primeros a los que se lo dije. Recuerdo que en una de esas clases que teníamos él y yo, le comente, que me había dejado el dinero en casa, para comprar el almuerzo. El se ofreció para comprármelo y sin derecho a devolver el dinero. "paso más tiempo contigo que con mi mujer, al final se pondrá celosa" me decía entre risas. Pocas veces me decía por mi nombre, en muchas ocasiones “pequeña” “artista” cuando hablábamos de mi hermana era “el trasto” Ya que no paraba quieta ni un momento. Tanto que lamenté al principio de tenerle como profesor, y ahora deseaba que siempre estuviera allí. Recuerdo una navidad, hicimos el amigo invisible en clase, y a mi me regalaron una vela de colores, al ver a Joan Figa, se la fui a enseñar con alegría. Él la sostuvo en sus manos "oh gracias Vanesa, es preciosa" me besó en la mejilla ¡pensaba que era para él! "la pondré sobre el mueble del comedor, quedara muy bien" Yo miré a Patri, sin saber cómo decir al profe que la vela era mía "bueno, es que la vela es de la Vanesa, veníamos a mostrársela" hablo Patri "¡ah! Claro, claro yo ya lo sabía, solo esta bromeando" su cara se enrojeció como un tomate, estaba claro que no lo sabía, se pensó que la vela era para él. Eso sí, nunca se ponía enfermo, jamás faltaba a clase, y bueno que faltara un día no iría mal, ya sabéis porque así, no se hacía nada, pero maldije ese deseo, al ver, que pasaba las semanas, ese hombre no volvía ¡hasta tenía una sustituta y todo! Un día le pregunte a esa profesora, porque no me creía que esa ausencia, era por una bajada de tensión ¡me lo confeso! ¡Había tenido una embolia cerebral! Llegué a casa llorando, de verdad le había cogido mucho cariño a ese profesor. 1 vez, en sus clases, Joan Figa, nos hizo mandarle una carta a su casa, como actividad, ya que también era nuestro profesor de castellano en primero de secundaria. Así que aproveche esa dirección para mandarle una carta, mostrándole mi preocupación ¡el me la respondió! De esa forma empecemos a cartearnos, cada 2 meses yo le mandaba una carta, él me la respondía. La verdad, es que me sentía súper contenta, de poder tener comunicación con este hombre, así seguimos durante dos años… ya después poco a poco la cosa se fue enfriando, ya no nos escribimos, pero tengo su número de teléfono, de tanto en tanto, le llamo, él me visita, donde trabajo, donde hablamos durante un ratito.

Escrito: 26 de abril del 2012

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Diario personal: Mallorca

 



Faltaba 1 mes para que acabáramos la secundaria, como viaje de fin de curso, volaríamos a Mallorca. Yo nunca me había subido a un avión, la verdad me hacía ilusión, hacerlo, igual que el resto del viaje… pero… a pocos días de despegar, a mi madre se le ocurrió "¿tú con la válvula puedes ir en avión?" tuve hidrocefalia al nacer, así que nos les quedó otra, que introducirme una válvula. Toda mi ilusión, fue sustituida por nerviosismo, desesperación ¿y si no podía viajar de viaje de fin de curso? ¡No era justo! ¡Yo quería ir! Mi madre habló con mi fisioterapeuta, pero él tampoco tenía idea, tenía que hablarlo con mi doctora ¡mas días de angustia! Pero finalmente, no hubo porque preocuparse, las alturas no eran problema. Lo que sí lo era, un problema es que necesitábamos a alguien, que me acompañara como cuidador, bueno no fue tanto la cosa, por suerte la amiga de mi tía Neus, si, sí, la misma que gracias a ella conseguí ir a las carrozas. Su amiga, Inma, se ofreció acompañarme, en esos 5 días se puede decir que de vacaciones.



El problema es que era el tiempo, que estaba en discusión con la segunda pandilla de amigas, como entenderéis, no me apetecía en absoluto pasar las 24 horas con ellas "no tienes porque estar con ellas" me aconsejó mi profesora, que se encargaba de nuestra clase, y también me hacía 30 minutos de psicología (aparte a veces, salíamos del insti, para ir a tomar algo a un bar) De Barcelona a Mallorca (las Baleares) el vuelo duró media hora, la verdad me gustó, lo que más me impresiono, fue el despegue (en el que Inma, tubo, que agarrarme del brazo, porque me iba de lado) y el aterrizaje, que era como tener un gusanillo en el estomago. Los oídos se me taparon por la altura, esos 30 minutos de reloj, los pasé, mirando por la ventana, esas nubes tan blancas, por debajo de nosotros.



Al llegar al hotel indicado, nos dimos cuenta de la realidad de las cosas. El hotel era de 4 estrellas, pero realmente nadie lo diría, tenía ascensor sí, pero este no llegaba a todas las plantas, para llegar al comedor, debíamos bajar las escaleras… A veces alguno de mis compañeros, me cogía en brazos, de tanto el otro, bajaba la silla, o también, me bajaban entre dos, en mi silla sentada, todo por esa comida, que realmente y opinión de todos ¡estaba asquerosa! No solo el problema fue las adaptaciones, ducharse, también era una aventura, para mí y mis compañer@s el agua, salía caliente apenas 5 minutos, después ya fría, de fría a congelada. Obviamente no había duchas, así que para meterme a mí dentro de esta, era gracias a mi tutora, que me cogía en brazos y me metía, y sacaba. Si no fuera poco eso, tampoco funcionaba la calefacción, que cada noche, nos iban repartiendo mantas, porque nos congelábamos. Nos levantaban temprano, nos acostábamos tarde (eso quien dormía) y durante el día, pasábamos las horas de un lado a otro, visitando distintos museos y catedrales, también nos dejaban tiempo libre en el que lo aprovechábamos bien. Inma y yo, nos ajuntábamos Alba y Marc, eran pareja entre ellos, la verdad hicimos buenas migas, los acompañábamos en varias ocasiones. Una noche, nos sentemos, con dos chicas, para cenar con ellas, ambas se llamaban Laia, eran muy aplicadas a los estudios, siempre iban en soledad ellas dos, así que decidimos acompañarlas en ese viaje, entretenido y divertido.

 


En la última noche, nos subimos a un bus, en el que nos dejó, en una discoteca, profesores, se fueron por su lado, y nosotros (alumnos) por el otro, todos juntos, el trato era, estar en una discoteca, hasta las 2 de la mañana, después ellos nos recogerían y marcharíamos al bus, para volver al hotel. Nunca olvidaré ese momento. Inma, me puso en pie, y empecemos a bailar, entre toda esa gente, que eran mis compañeros. Alba y Marc, bailaban cerca, ambos bailaron un rato conmigo. Después mis manos volvieron a las de Inma. Seguimos bailando, cuando vi que Inma decía algo en el oído de Marc, después me miró y se echo a reir… Algo estaban tramando…. Cuando sin aviso, el Dj de la disco hablo "un aplauso a Vanesa Ruiz Garcia, que está en la pista bailando" todos mis compañer@s me miraron, gritando mi nombre, aplaudiéndome. La verdad me emocioné yo sola, con esa alegría, subi al bus, en la hora quedada, para de vuelta al hotel.

Escrito: 25 de abril del 2012

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viernes, 28 de agosto de 2020

Carta a mi hija pequeña adolescente

 


Nunca pensé que escribiría algo así, siempre tuve la idea, que sí, que la adolescencia es una etapa dura, estaba con la certeza, que podía sobrellevarlo sin problemas, sobretodo habiendo superado ese proceso con tu hermana mayor, que ahora ya está en la adultez. Siempre has sido una niña tan buena, tímida y reservada, nunca te había gustado salir, siempre había que arrastrarte para ello, siempre te habías aplicado a tus estudios, como tu hermana, de igual manera, siempre había hecho y ahora de la noche a la mañana no paras en casa, tus notas cayeron en picado, ya no eres la inocente niña de hace unas semanas… ¿o sí? Quizás estoy exagerando, ya tienes quince años, ya dejaste la niñez en el pasado.

 Mucho me afirman, supongo que es más fácil, la adolescencia con tu hija pequeña, ¿Qué decir? Tu hermana no salió embarazada, ni me dejaba preocupada, hasta altas horas de la madrugada, sabía con quien se ajuntaba, y cumplía las normas.

 No está bien que te compare con tu hermana, sois dos personas totalmente distintas, cada una es fabulosa a su manera, es algo totalmente respetable y admirable, es solo que vuestras adolescencias, han sido tan distintas, que quizás no estoy preparada, para acabar de sobrellevar la tuya. Tu hermana al tener una discapacidad, el rol de adolescencia normal, no lo cumplía, no tenía amistades, apenas salía si no era con familiares, cumplía con dureza en sus estudios, al igual sufrió lo suyo, por la discriminación de no ser aceptada como una joven más… Con tu padre bueno, ya lo conoces en eso la situación es idéntica, solo que ella cumplía los castigos, que otra le quedaba, no se escapaba por la ventana.

 


Quizás me estoy quejando de algo que yo misma fui la responsable, siempre tan ocupada, entre el trabajo, tu hermana y sus cuidados, que daba por sentado, que tu nada necesitabas, y he aquí el resultado, de contarme todo, o intentarlo porque yo no paraba en casa a no explicarme nada, me pongo a pensar, es lógico que te hayas buscado la vida, aunque sea, con malas compañías, y te hayas convertido en alguien de poco de mi agrado. Quizás es que también, el verdadero problema, no es la diferencia, sino la semejanza, que existe entre tú y yo, no te lo confesado, pero realmente ahora eres muy idéntica a mí, es muy posible que es eso lo que me está aterrando, me embaracé de tu hermana a tu edad, con la diferencia, que tu padre se responsabilizó, salía y me emborrachaba a diario, y fumaba cigarros, incluso me tatué, sí en serio, al terminar la espalda, una mariposa dorada. Fue una etapa muy guay por un lado, pero viéndolo ahora también muy dura, pero podía hablar con mi madre, era muy comprensiva, me entendía y me ayudaba en todo. Quizás es ahí donde tengo que actuar, para que solo sea una etapa, que pasará, sin más secuela.

 

Perdóname cariño,  han sido necesario estás líneas para abrirme los ojos, y ser consciente de la realidad, la adolescencia de tu hermana, no fue adolescencia, paso de niña a mujer, negándole la oportunidad de vivir esa etapa. Tú eres la primera adolescencia que paso como madre, estás dentro de la media, yo también tengo que mejorar. No te frustres por los errores que has cometido, estás en la edad de aprender de ellos,  yo aún estoy aprendiendo, como puedes ver. Pero te aseguro que voy a intentar mejorar, tu hermana está bien en el centro que está, y pediré unos días libres en el trabajo, estaré a tu lado, por si me necesitas, prometo escucharte, aconsejarte y  ayudarte en lo más que pueda…No temas por el bebé que viene en camino, no estás sola, te ayudaremos ¿Qué me dices? ¿Me das una oportunidad? De verdad lo voy a intentar.

Escrito: 24 de marzo del 2015

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jueves, 16 de abril de 2020

Reflexión: ¿Por qué al crecer todo cambia?



¿por qué al crecer todo cambia? es una buena pregunta, cuando eres niño, no tienes mas preocupación que las clases del colegio, sus amigos, que habrá de merendar, cuando llegue a casa, a medida que van creciendo, las responsabilidades aumentan. Ellos mismos, los más pequeños son muy s solidarios, no ven discapacidad, diferencia ninguna, son ellos mismos tal cual, te sonrien, te quieren, te aceptan, sin compasiones, sin mirar para nada esa discapacidad que llevas contigo.
Yo lo se de buena fuente, ya que trabajo vendiendo lotería de la ONCE, ya son cuatro años, que estoy pendiente a ello, se confirma la regla, que de pequeños, da igual que estés en silla, seas discapacidad mental, invidente o auditivo, no te recriminan, más bien la contrarió les simpatiza, esa pequeña diferencia. En cambio, a medida que se va haciendo mayor, esa simpatía disminuye considerablemente, o desaparece del todo.

¿Entonces? ¿qué ocurre? ¿por qué al crecer todo cambia? Un factor importante, es la timidez, de hablar, saludar a alguien que no conocen y además tiene algo "raro" pero aun hay una diferencia superior... es que la inocencia desaparece, nos fijamos mucho, en lo que hacen los demás, y vuelve a salir el tema de la sociedad, es decir, que cuando crecemos, nos fijamos, en como actúan los de nuestro alrededor, y nosotros actuamos de la misma manera, sin pensar en como se pueden sentir los demás.


También está mi propia experiencia, no solo con esos niños, que tanto me demuestran su simpatía, en mi puesto de trabajo, también yo de pequeña en la primaria, no era discriminada, sino aceptadas por casi todos "siempre hay la excepción que rompe la regla" pero la mayoría, me aceptaban sin malas caras, sin importarles la silla de ruedas, todo el mundo quería se amigo mío, tenía mas de un pretendiente, para ser algo más.... pero con la llegada de la adolescencia, conocí la otra realidad...
Escrito: 20 de abril del 2012
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domingo, 16 de febrero de 2020

Reflexión: Sant Valentín en el hospital






Quizás soy muy joven para enamorarme, acabo de cumplir 12 años, pero tampoco es normal que desde que tengo uso de razón, estoy más en el hospital que en mi casa, con una enfermedad como la mía, con la leucemia en mi sangre, no sé si llegare adulto. Tengo que ser realista, vivir lo más que pueda mi presente.

Ayer era catorce de febrero, Sant Valentín, esta enfermedad, poco entiende de días señalados, días de amor y amistad, te acribilla, día sí, y día también. Fue un día de analíticas, radiografías y demás, poco queda por disfrutar, y recordar, una fecha tan señalada


Mayra la compañera más hermosa de todo mi insti, me vino a ver, y paso largas horas conmigo. Sí, me gusta, me gusta mucho, desde el primer instante que la vi, creo que yo a ella también, pero como digo somos dos niños, que personalmente desconozco si creceré.

Ayer sant valentin y hoy el día del cáncer infantil, donde muchos sienten pena por nosotros, la misma se alegran de que ellos y sus niños, no sufran esa condena…

No tengo miedo a la muerte, niños mas pequeños que yo, han luchado con todas sus fuerzas, no lo han logrado, ¿Por qué yo debería hacerlo? Pero no por ello, voy a dejar de luchar, ni de enfrentarme a este bicho que me está destruyendo, no sin combatir con todas mis armas.

Muchos niños de mi edad, desean una consola, un móvil, un ordenador, yo solo una vida fuera del hospital, sentir el viento en mi casa, los rayos de sol, en mi pálida piel, respirar más allá del aire del hospital. Me gustaría tanto ir a la escuela con regularidad, aprender, y vivir. Tener el valor de decirle a Mayra que la quiero, besarla, pasar con ella toda la eternidad, o lo que la enfermedad me permita, pero me pongo a pensar si eso es justo para ella o mejor, callar y dejarla marchar.


Muchos dirían que estoy loco, que no debería preocuparme de eso, que soy joven que disfrute la vida, que estoy en la edad, de equivocarme, de aprender, de crecer, pero en mi caso, no aplica esa regla, ya que niños con la misma enfermedad que yo, hoy puede ser el fin. Es duro de decir pero es la realidad. Es posible que jamás bese a una chica, que me case y tenga familia, es posible, que no tenga una carrera y un trabajo que me digne, soy consciente, solo quiero vivir el presente, el momento, el ahora, porque para mí, con certeza no hay más.

Para los de fuera decir, no queremos lástima, no queremos compasión, queremos normalidad, somos conscientes, lo delicada que es nuestra línea de vida, no es necesario que nos lo vayan recordando a cada rato.



Un quince de febrero más, en el hospital, aunque también con vida, eso ya es un triunfo para niños como nosotros… Ahora voy a descansar un poco antes que inicien con los medicamentos, empiece a sentirme mal.

Ártículo escrito: 17 de febero del 2017
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